11.4.10

Despertar provinciano.




          París -"desde el cucurucho lanzan unas manos ya arrugadas"     


Chasquean las gotas, una detrás de otra,
es el deshielo de cada mañana.
Picoteo de palomas al maíz, desde el cucurucho lanzan unas manos ya arrugadas.
Cuchicheos frescos, les dan bola dos señoras.
Ronquidos y gemidos, el perro y su dueño de casa ambulante.
Mañana de sol que no calienta, el frío de la mano, en el parque que se salva del paisaje de antenas, cables y cacharros.

6.4.10

Musa, mi musa.

                                          Viejo bombín.


    Los reyes de la palabra son inspirados por unas musas elegidas involuntariamente, un corazón que llama, que les hace crear con naturalidad y desparpajo. Gracias a ellas, nos deleitan a los artistas mortales, (mortales ya que ni somos tan artistas, ni tan talentosos, ni por supuesto tan bienaventurados)con sus finas letras, composiciones, pinturas, esculturas; sus pizcas de arte, sea cual sea el género y la forma de expresión. Experimentando en nosotros una envidia sana y singular  que nos eleva al placer, a las ganas de que alguien comparta nuestra visión sobre la gran obra acabada o no de descubrir y que nos conduce a la excitación nerviosa e inquieta que nos pega berridos y nos da la orden de que nosotros tal vez, aunque sea un poco, también lo podemos conseguir. Conseguir embelesar a otra humilde mirada ansiosa de destapar la caja de nuestra creatividad, nuestra propia creatividad, que a veces se tiene que conformar con seducirnos a nosotros mismos al observar una nueva superación. Mi "musa" es un viejo rey de la letra canalla y hermosa, construida de forma laberíntica como una de aquellas antiguas casas con pasillos y puertas donde menos te lo esperas. Mi inspiración está en sus letras y su música. Aunque es una amistad no correspondida, me permito el lujo de decir, que es mi gran amigo JOAQUÍN SABINA.

3.4.10

Surcos ignorados, estudiados.

  Atardecer singular en mi lugar.








Recorrí puñados de playas
llegué a desistir cuando ni las gotas de sudor
surgían por mi sien.
Entonces, cuando la mirada se perdía en las arenas,
la cabeza no se aguantaba erguida,
todo lo vi.
Vi esos pies, mojados, cansados, hechos trizas. 
Me volví, todas esas huellas, miles de huellas hundidas en la arena.
Cada una de esas pisadas podía ser un sueño olvidado, un pensamiento superficial, un intento de arranque, una superación. Observé la ignorancia con que traté a cada esa parte de mi. 
Di media vuelta, regresé a las trazas, detenidamente escuché sus historias, las asimilé como pude, y llegué hasta la que no había borrado el paso del mar...


Y allí quedé alejada de todo y compactada a mi soledad hecha de los pasos que un día dejé atrás.


 El recelo por el surco borrado por el agua salada. Preparada para volver a empezar...