30.3.11


    By Juplu



               

Y en el punto álgido negativo 
      de la espiral apalancada en mis aposentos,
               no puedo vomitar,
               pueden rodar cabezas.












  ME.






Todos sufren, todos lloran,

yo también, pero tú, tú también. 
Me hablaste en grande, 
me contaste cómo de maravilloso sería todo,
tanto me enseñaste. Creí que me enseñaste tanto. 
También me quisiste, y tanto que me quisiste, me quisiste tanto. 
Ahora todo se ha derrumbado, 
se ha echado a perder. 


No es mi turno, aprende a llamar a mi puerta. 
No es mi turno, yo no lo haré. 

Y en tus palabras ausentes me gusta interpretar,
ingenua, algún tipo de remordimiento. Resentimiento. 
Y en tus palabras ausentes intento comprender, 
inoportuna, algún tipo de explicación. Razonamiento. 
Pero no puedo, no puedo, el tejado se llenó de piedras,
sólo queda una columna sujetándolo todo. 
Tiembla, todo tiembla, todo lo que nos costó años levantar, ahora tiembla. 
Quizá dure media vida en pie, quizá caiga mañana, 
quizá, cierto es, no lo sé. 
Hay una herida abierta, la sangre se vuelve marrón,
casi está seca. 

Alguna vez fui pequeña, no existía el rencor entre nosotros, no existía el silencio, la maldad, el olvido, el negro, la herida, el temblor, la ausencia. Tu cobardía. 


No es mi turno, aprende a llamar a mi puerta. 
No es mi turno, yo no lo haré. 





28.3.11

      By Vinces W.






El término amor desapareció de mi vocabulario.

Fuente de conflictos y barbarie.
Falsedad efímera que deja lastre,
que ilusiona y embravece.

Y amor sonó;
en mi boca no significaba más
que una palabra absurda,
adorno y elegancia del contexto,
idílica esperanza.

El término amor desapareció de mi vocabulario.

De la frialdad sálveme la evidencia,
no el sonido emergido de mi garganta,
que se lo lleva el viento,
y de él que sólo queda la confusión nacida del silencio.
Tal vez de la trampa insospechada.